4 Feb
2021
La Conexión Insulina, Carbohidratos y Grasas.
La Conexión Insulina, Carbohidratos y Grasas.

La fuente principal de grasa corporal para la mayoría de las personas no proviene de la grasa que consumen, sino de los carbohidratos, que se convierten en azúcar en la sangre y luego, con la ayuda de la insulina, se almacena en forma de grasa. La insulina es la principal hormona de almacenamiento de grasa en el cuerpo. Básicamente le dice a las células adiposas que almacenen grasa y evita que una vez almacenada, sea utilizada como energía. Cuando las células son resistentes a la insulina (muy común), los niveles de insulina y de azúcar en sangre aumentan significativamente.

 

Al comer un plato de pasta, por ejemplo, el nivel de azúcar en sangre se elevará y el nivel de insulina también aumentará para cubrir o prevenir ese pico de azúcar. Todo el azúcar en sangre que no se quema como energía ni se almacena como glucógeno, se convierte en grasa. Es así, como se puede adquirir más grasa corporal comiendo un postre alto en carbohidratos "sin grasa" que comiendo una chuleta de cerdo. Dicha situación cambia, cuando se acompaña la misma chuleta, con carbohidratos; ya que la grasa de la misma será almacenada si se acompaña de pan, arroz, papas, etc. 

 

Los componentes básicos de ácidos grasos de las grasas pueden ser metabolizados (quemados), almacenados, o convertidos por el cuerpo en otros compuestos, dependiendo de lo que requiera. En consecuencia, la grasa siempre fluye en el cuerpo, se almacena, aparece en la sangre y se convierte en energía. La cantidad de triglicéridos (la forma de almacenamiento de grasa) en el torrente sanguíneo en un momento dado estará determinado por factores hereditarios, nivel de ejercicio, niveles de azúcar en sangre, alimentación, la proporción de grasa visceral (abdominal) a masa corporal magra (músculo), y especialmente por el consumo reciente de carbohidratos.

 

Las personas delgadas y en forma tienden a ser muy sensibles a la insulina y tienen niveles séricos bajos no solo de triglicéridos sino también de insulina. Pero incluso sus niveles de triglicéridos aumentarán después de una comida rica en carbohidratos, ya que el exceso de azúcar en sangre se convierte en grasa. Cuanto mayor sea la proporción de grasa abdominal (y, en menor grado, grasa corporal total) con respecto a la masa corporal magra, menos sensible a la insulina tenderá a ser. En las personas obesas, los triglicéridos tienden a estar presentes en niveles altos en el torrente sanguíneo todo el tiempo. Esto a veces se exagera durante la pérdida de peso porque la grasa aparece en el torrente sanguíneo cuando sale de los depósitos para convertirse en energía.

 

Los niveles altos de triglicéridos no solo son una causa directa de la resistencia a la insulina, sino que también contribuyen a la formación de depósitos de grasa en las paredes de los vasos sanguíneos (aterosclerosis).  Lo más importante a tener en cuenta aquí es que la resistencia a la insulina, así como otros factores de riesgo de complicaciones diabéticas, se pueden revertir al comer menos carbohidratos, normalizar el azúcar en la sangre y perder peso.

 

Alguien con sobrepeso, producirá más insulina, se volverá resistente (lo que requerirá que el cuerpo produzca aún más insulina) y tendrá aún más sobrepeso porque creará más grasa y almacenará más grasa. Se entra en un círculo vicioso. El cuerpo puede convertir proteínas en glucosa, pero lo hace a un ritmo muy lento. La grasa alimentaria no se puede convertir en azúcar en sangre y, por lo tanto, no aumenta los niveles de insulina. Entonces, si consumimos una chuleta de cerdo de 400 gramos sin carbohidratos; el cuerpo no requerirá mucha insulina para mantener estable el nivel de azúcar en la sangre, y el nivel más bajo de insulina hará que solo se almacene una pequeña cantidad de grasa.

 

Ahora consideremos lo que sucedería si en su lugar consumimos un postre "sin grasa" con exactamente la misma cantidad de calorías que esa chuleta. El nivel de insulina aumentará drásticamente para cubrir el azúcar y los almidones del postre. Recuerda, la insulina es la hormona que genera y almacena grasa. Y como es el postre, probablemente lo hagas a media tarde, por lo que la mayor parte de esa glucosa recién creada no se quemará. En cambio, se convertirá en grasa y se almacenará.

 

Curiosamente, comer grasas con carbohidratos en realidad puede ralentizar la digestión de estos, por lo que el salto en el nivel de azúcar en sangre podría ralentizarse. Esto sería efectivo si se trata de comer una ensalada verde con aceite de oliva extra virgen como aderezo. Pero si se está comiendo un postre normal alto en carbohidratos o una papa al horno con una chuleta, la desaceleración de la digestión no evitaría la elevación del azúcar en sangre.

 

A pesar de la creencia popular, la grasa no es mala. Lo que debería preocuparnos realmente seria no consumirla en cantidades suficientes y seguir una alimentación baja en tan esencial macronutriente. La grasa es absolutamente necesaria para sobrevivir; nuestro cuerpo requiere ácidos grasos esenciales, los cuales no pueden ser fabricados por el mismo y deben ser ingeridos.

 

Los diabéticos se ven afectados de manera desproporcionada por enfermedades como la aterosclerosis. Esto ha llevado al mito de larga data de que los diabéticos tienen perfiles de lípidos anormales porque comen más grasa que los no diabéticos. Sin embargo, la verdad es que los altos perfiles de lípidos en muchos diabéticos con niveles de azúcar en sangre no controlados no tienen nada que ver con la grasa que consumen. La mayoría de los diabéticos consumen muy poca grasa; han sido condicionados para temerla. Los perfiles de lípidos altos son un síntoma no de exceso de grasa en la alimentación, sino de niveles altos de azúcar en sangre. De hecho, incluso en la mayoría de los no diabéticos, el consumo de grasas tiene muy poco que ver con sus perfiles de lípidos.

 

Un perfil de lípidos es la medición de los niveles de colesterol HDL, LDL y triglicéridos en la sangre. 

 

Por otro lado, el alto consumo de carbohidratos, puede hacer que los “no diabéticos” desarrollen algunas de las complicaciones generalmente asociadas con la diabetes. Muchas personas que siguen una alimentación baja en grasas y alta en carbohidratos presentan altos niveles de triglicéridos y colesterol sérico alto, pero al empezar una alimentación muy baja en carbohidratos, sin restringir las grasas, los lípidos caen a un nivel normal. 

 

Entonces, debemos entender que contrario al mito popular, la grasa no es un demonio. Es un macronutriente esencial y es la forma que tiene el cuerpo de almacenar energía y mantener órganos esenciales como el cerebro. Sin los ácidos grasos esenciales, el cuerpo simplemente dejaría de funcionar.

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